El día en que las palabras murieron nadie lo sintió, tal vez se escuchó el estruendo al caer.
Era imposible que no se escuchara, pues a pesar de ser de un peso sumamente mínimo, poseían peso, así que se puede comparar al sonido de miles de millones de alfileres cayendo a la vez.
Así sucedió con tus palabras, cayeron y se quebraron.
Y lo mismo sucedió con las de muchos.
Pero, nadie las lloro.
Nadie sintió ganas de ir a visitarlas al cementerio, ya que después de todo no hacían falta.
Pueden sentirse felices, malditos insensatos, mentirosos, hipócritas y falsos. Gracias a ustedes las palabras han dejado de existir.
Gracias a cada promesa rota hoy es el día en que las palabras han dejado de existir.
Otra teoría considera que por las mismas razones, otras palabras perdieron su peso y salieron volando hasta quedarse sin aire en el espacio.
Ahora el espacio, igual que los cementerios, está lleno de cadáveres de palabras. Y aun así nadie las llora.
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